NEW ZEALAND, TRAMPANTOJOS.

sección

La primera sensación al pisar Nueva Zelanda fue de trampantojo de reflejos y perspectivas. Si hemos de creer en casualidades convengamos que en este país ha estado lleno de ellas. Des del primer momento se han cruzado vidas y experiencias, aumentando el lado romántico y recibiendo inolvidables historias de amor y amistad. El cambio está lleno de claroscuros, convirtiendo vicios de viajero en virtudes estimables que se construyen sin darse cuenta. Nueva Zelanda es una nueva narración de espacios, tiempo y situaciones. Estando más lejos que nunca geográficamente también fluye una sensación enorme en nosotros que nos lleva a un magma pasional que bulle entre el placer y el desconcierto.

Después de seis meses en América del Sur, los contrastes son monumentales. Este país no se ha dejado comer la merienda por amarguras, pobrezas y demás situaciones normalizadas en los países anteriores. Este país se muestra permeable y funciona como una caja de resonancia, lleno de rebotes, de proyección, de belleza natural y de proyectos integrados con sorprendente lucidez en sus contextos. También es el país donde hemos visto volar el pájaro de colores, el piwacawaca: la metáfora extrema del adiós a uno de los grandes maestros de la música flamenca. Entre vinos y olas, andando por toda la isla norte, recorriendo lugares espectaculares y sorprendentes, nos despedimos con tristeza y música flamenca.

Nuestras emociones parecen piezas absolutamente coherentes con lo que nos rodea. Imponentes volcanes, largos recorridos llenos de retos para el caminante, enormes bajadas que reconfortan y en las que retomamos el aire y curiosos pájaros que despiertan de madrugada. Aquí nos hemos inspirado, relajado, mirado con ojos distintos. Hemos observado nuestro alrededor con muchas preguntas y con una nueva perspectiva. Nos sentimos parte pero contraparte a la vez. Sentimos que estamos en nuestro mundo, que hay dos butacas para nosotros en la ciudad. La comodidad de la despreocupación total es un nuevo regalo que nos aguarda con sorpresa y gratitud.

Nos parece que nos han engañado la vista, que alguien pintó el cuadro con perspectivas precisas, que nos hacen rememorar, estar cerca de lo que un día fue nuestra realidad. La pieza es contemporánea, nítida, organizada para el agrado de quien la observa. Tomamos oxígeno, nos damos cuenta de que estamos encima de un trampolín que nos llevará de nuevo a países donde no nos reconoceremos de la misma forma. Lejos y cerca a su vez, Nueva Zelanda nos ha regalado un sinfín de emociones que nos cuesta recordar, calurosos y acogedores espacios, momentos y mundos que no parecen que tengan nada que ver con nuestras andadas hasta el momento.

Puedo asegurar que Marie-Henri Beyle habría puesto nombre a su síndrome en esta tierra si hubiera visto en primera persona la belleza de los lugares donde hemos estado. Ahora que pisamos nuevos rincones del mundo y con la perspectiva de los días que pasan, siento más que nunca que Nueva Zelanda es el trampantojos de nuestro Periplus.

Aquesta presentació amb diapositives necessita JavaScript.

Advertisements

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s